jueves, 31 de marzo de 2011

Las relaciones y la conducta

Ficha n° 9

El Triangulo Trágico de Karpman

El Dr. Stephen B. Karpman, en abril de 1968, escribió lo que él llamo “Análisis del Libreto Dramático” que lleva grabado la gente. Este consiste básicamente en tres roles psicosociales que juega la gente. Son El Salvador, La Victima y el Perseguidor, formando un triángulo que consideró que es realmente trágico, ya que el final de cada uno de estos roles frecuentemente se sienten frustrados, enojados y amargados, amargándoles la existencia a los demás.

Veamos en que consiste este Triangulo Trágico:

Casi todas las personas “juegan” (o desarrollan), alguno de estos roles en forma estereotipada principalmente, aunque por otra parte, existen personas que juegan los tres papeles en forma indistinta según el momento social, intercambiándose de un papel hacia otro, dificultando totalmente la comunicación derecha, es decir, honesta, donde todo se vuelve un galimatías.

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La Victima: Generalmente se siente que la tratan mal, piensa que todos abusan de “su nobleza”, se percibe incapaz. Muchas de las veces “se hace” o finge ser víctima, es decir “se tira al suelo para que otro la levante”. Sus frases típicas son, “eso yo no puedo”, “yo no soy bueno para eso”, “hazme tu esto, tú eres bueno en eso”, “me resulta imposible”, “quisiera morirme de la pena” o “todo yo, solo yo, nomás a mí, me exigen, piden, obligan etc.”.

Su sentimiento crónico es de tristeza; puede meterse horas en su recamara, “tristeando”, “rumiando sus situaciones miserables o penosas”, puede quedarse hundida en un sillón o en la cama viendo la tele por tiempo indefinido. Sus pláticas van siempre pintadas de pesimismo, de quejas y melancolía. (Si quieres abundar mas sobre este rol puedes buscar el libro “De Victima a Triunfador” de Victor Ramírez Mota.

El Salvador: Es un rol que juega la gente mucho menos que el anterior, pero que también se da dentro de las familias y lo podemos encontrar en la escuela y en la oficina. Es aquella persona que trata de ayudar, auxiliar, apoyar en todo a las demás personas que siente que lo necesitan. Les aconseja aunque no le hayan pedido ningún consejo. Sus frases típicas son: “yo sé, déjame hacerlo por ti”, “yo sé lo que sientes con todo esto…” hazlo así, de lo digo por tu bien” y cosas por el estilo. El problema mayor con este rol es que la persona se siente mucho si no siguen su consejo o no le hacen caso en lo que recomienda.

El sentimiento crónico de el Salvador es el resentimiento y siempre van impregnados todos sus consejos y comentarios de una sensación de omnipotencia, como si pudiera o supiera todo. Su ayuda no es tan desinteresada, ni altruista, siempre van en el sentido de obtener mayor reconocimiento, elogios, premios en caricias a su ego, y si no llegan entonces se resiente aún más. No es tan genuino su deseo de ayuda. La persona que desea ayudar en forma desinteresada es un filantrópico o lo hace en forma anónima y desinteresada.

La persona que ha jugado el rol de Salvador te vas a dar cuenta cuando no le haces caso y te dice “ya vez, te lo dije…”, “por eso deberías de hacerme caso”. Con esto te das cuenta que está buscando tu reconocimiento, tu elogio a su sapiencia. Es típico de estas personas dedicar mucho tiempo a los demás, aunque muchas veces descuida a su familia.

El Perseguidor: Es un rol que juega la gente en mayor cantidad que el Salvador, son personas muy rígidas y estrictas en cuanto a la justicia y sus propias creencias. Tienen un sistema de creencias demasiado rígidas, aunque fallan al aplicárselas a sí mismos.

Los perseguidores, pueden ser muy agresivos verbalmente y hasta violentos. Son personas muy insistentes y hasta moralistas, Generalmente están señalando los errores de los demás con su índice, son los que le toman el tiempo al que toma la palabra, a la pareja en cuanto tiempo tarda de su trabajo a su casa, (puede ser el hombre o la mujer). Sus frases preferidas son: “deberías de llegar más temprano”, “tienes que hacer esto en casa y luego aquello” “debes de enseñarme, platicarme, decirme todo lo que te pase” “nunca debes de esconder, omitir o mentirme, porque te va peor”, en fin siempre están hostigando, presionando, amenazando, chantajeando, estos son estilos y formas diferentes de un mismo rol psicosocial trágico, porque finalmente en sus relaciones resulta un perdedor frustrado. Su sentimiento crónico negativo es el coraje, la ira y la inseguridad. Se puede enfermar de hipertensión arterial, y caer en trastornos de tipo obsesivo compulsivo y en la juventud en otra enfermedad mental más grave. Son de las personas que siguen a su pareja para ver a donde va, tiene sus dudas sobre fidelidad o son esas personas que están llame y llame insistentemente a su pareja para ver donde se encuentra, y con quien esta y no para decirle que le ama. 

COMO MANEJARLOS O CAMBIAR ESTOS COMPORTAMIENTOS

Se requiere aceptar que tu estás jugando constantemente o frecuentemente alguno de estos roles con tu pareja, en tus relaciones interpersonales o contigo mismo. Esto último quiere decir que puedes cambiar de un rol a a otro y lo puedes hacer para reprocharte a ti mismo en forma rabiosa algún comportamiento.

En segundo lugar, necesitas decidirte a cambiar, porque estas convencido que no te está resultando beneficioso esta conducta.

En tercer lugar requieres desarrollar una comunicación fluida con tus sentimientos y emociones; como también con las personas con quien te relacionas.

La conducta de ayuda

La conducta de ayuda se encuentra dentro del estudio de la Psicología social. ¿Cómo actuamos a la hora de ayudar?, ¿qué cosas nos predisponen para ayudar y qué otras nos influyen para no ayudar?

Por lo visto dentro de las personas que prestan ayuda, las hay de dos tipos: las egoístas y las promovidas por un sentimiento (empatía) puramente altruista. De estas últimas debe haber bastante pocas personas y de todas las veces que ofrecen ayuda sólo una pequeña parte de estas ayudas puede considerarse altruista.

Basándonos en estudios e investigaciones de Psicología social , ¿qué nos influye en nuestra conducta de ayuda?:

1. Se ayuda más en Situaciones de recompensa. En su estudio, Moss y Page (1972) encontraron que las personas que son reforzadas en una situación previa de ayuda son más proclives a prestar ayuda posteriormente.

Otro ejemplo de esto es el “fenomeno de la codependencia”, de acuerdo con el trabajo de Deborah Lyon y Jeff Greenberg (1991) los niños que aprenden a ganarse la aprobación y la autoestima satisfaciendo las exigencias de un padre dependiente y disfuncional buscarán las oportunidades de ayudar a las personas parecidas en el futuro.

2. Ayudamos más, si vemos a otra persona ayudar. Situaciones de modelado. La probabilidad de prestar ayuda aumenta si hay un modelo llevando a cabo una conducta de ayuda (Bryan y Test, 1967; Macauly, 1970. )

3. Ayudamos más si estamos de mejor humor. Influencia del estado del humor en la conducta de ayuda. Como se ha demostrado en diversos trabajos, las personas que están de buen humor tienden ayudar más que aquellas que no lo están (Isen, 1970; Isen y Levin, 1972; Isen, Clark y Schwartz, 1976; Underwood et al., 1977). Aunque se ha podido comprobar que no siempre el buen humor conduce a prestar más ayuda. En un trabajo de Isen y Simmonds (1978) descubrieron que personas de buen humor no quieren interrumpir su felicidad prestando ayuda que por si misma no es placentera.

Rosenham, Salovey y Hargis (1981) encontraron que la felicidad debe ser personal para provocar sentimientos de ayuda. Si las personas se sienten felices por la buena fortuna de otro, no se produce un incremento en el número de conductas de ofrecimiento de ayuda. Pero si está de mal humor por algún suceso acaecido, ofrece menos conductas de ayuda, sin embargo, si su estado de ánimo negativo se debe a lo sucedido a una tercera persona si brindará ayuda.

4.Ayudamos más si no tenemos prisa. En su trabajo Darley y Bateson (1973) con un grupo de seminaristas, demostraron que quien no tiene prisa se detiene y ayuda. Quien tiene prisa es más probable que pase de largo, incluso si su premura es para dar una charla sobre la parábola el buen samaritano.

5. Si nos consideramos altruistas y buenas personas es más probable prestemos ayuda. Aquel que se considera altruista tiene más probabilidad de llevar a cabo conductas de ayuda, este fue la conclusión del trabajo de Paulhus, Shaffer y Downing (1977) con donantes de sangre. En una situación similar con estudiantes Bateson et al, (1978) mostraron que las personas que se comportan de forma altruista se atribuyen poco altruismo si hubo posibles causas externas para su conducta.

6.Reciprocidad o ayudo a quien me ayuda, ayuda por responsabilidad social (a los más débiles). Esto es la ayuda “por norma”. En este punto debemos de considerar dos principios, la norma de responsabilidad social y la norma de reciprocidad. Según esta última tendemos a ayudar a quienes nos ayudan y no dañamos a los que no nos dañan; de esta norma están exentos los viejos, los muy jóvenes, los débiles y los enfermos, justo las personas que son objeto de ayuda según la norma de responsabilidad social.

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